Oasis. Gonzalo Valenzuela

 

Día del abogado

(Segunda parte)

 

Personas que inspiran

 

Continuamos con la conversación que sostuve con el Doctor en Derecho J. Isabel Chavarría Piña, oriundo del Estado de Hidalgo. Después de recibir un quinto Doctorado Honoris Causa, esta vez, el máximo que se puede otorgar a una persona, el D.H.C. SUMMA CUM LAUDE ET INSIGNE, junto con el Ángel de la Victoria Alada y el Galardón a la Patria.

 

—¿Cuáles son tus sueños o aspiraciones en la plenitud de tu vida? ¿Qué te falta por hacer?

—No he sido persona de sueños. Para mí no existen. Dada mí formación de trabajo y estudio, fui peón en el campo de los ocho a los doce años, plantando lechuga, maíz, frijol, trigo, cosechando y cortando alfalfa, y estudiando al mismo tiempo, no tenía tiempo para soñar. Sólo planes para sobrevivir y sacar de la miseria a mí familia, por cierto, muy numerosa de doce hermanos. Dos más, fallecieron de bebés por falta de atención médica. Mi primer gran deseo, fue construir una casa a mis padres y eso lo logré de los diecinueve a mis veinticuatro años. Pensé seriamente que Dios me dio esa oportunidad y creía que me llamaría a su lado al cumplir los veintisiete años de edad.

 

Tuve aspiraciones legítimas desde mí primer cargo público como secretario de Acuerdos de un Juzgado Mixto de Primera Instancia, donde ofrecí a Dios poner toda mi voluntad para prepararme y ser mejor servidor y así poder llegar a ser un juez como el Rey Salomón. Esa aspiración nunca se cumplió, porque mi honestidad es un estorbo y no la pienso dejar jamás. No digo que todos los jueces sean corruptos, sino que, en ocasiones, prevalece el nepotismo por amiguismo, compadrazgos, o compromisos de distinta naturaleza y yo no me presto a ese tipo de situaciones.

 

 

Cuando terminé mis actividades como militar en activo y pasé a situación de retiro, consideré la posibilidad de poder llegar a ser Procurador General de Justicia de mi Estado, pero no se dio esa oportunidad. Después concursé para integrar el nuevo Poder Judicial Federal, aprobando las primeras etapas, pero no se me llamó a las entrevistas y me di cuenta de la forma en que se manejó el proceso de selección, a lo cual me opuse y ya no continué con esa aspiración de ser Magistrado penal federal.

 

—¿Qué esperas de la vida?

—Que las leyes vuelvan a imperar en nuestro amado México y los criminales tengan el destino final que se buscaron. Que se termine la impunidad y los ciudadanos vuelvan a vivir en la certeza de que se respetan sus derechos, sin temor de morir, ser asaltados, secuestrados o desaparecidos o lo sea alguno de sus familiares y amigos. Nuestra patria merece un mejor destino. Tal vez ese sí sea un sueño. Sería el primero que tengo y más bien, parece una utopía. De nosotros depende que sea realidad.

 

—¿Cómo lograste concluir tus estudios de licenciatura?

—Fui soldador en una balconearía, cromador y finalmente obrero calificado en una fábrica de calzado minero en Pachuca, Hidalgo. Ahora, eres de los pocos que conocen parte de mi historia de vida.

 

—¿Qué es lo que más detestas o aborreces en las personas y de lo que acontece en el país?

—No quiero ser catastrófico, pero negar que se está destruyendo a nuestro país en todas las materias, sería falso e incongruente negarlo. En materia de seguridad pública, procuración e impartición de justicia, en los fueros federal y Común, se tiene una gran deuda con nuestros compatriotas, sedientos de justicia, o por lo menos, de mínima aplicación de la ley. Sólo se está sosteniendo por los miles de servidores públicos honestos, profesionales, imparciales, de carrera y sólida formación, incorruptos, que sobreviven por su gran amor a las leyes y a la justicia, pero con un esfuerzo que llega incluso al sacrificio.

 

—¿A qué te dedicas actualmente?

—Litigo y asesoro jurídicamente en diversas materias; civil, familiar, penal, amparo, etc., en distintas partes de la República, en los fueros; común, federal y militar; asisto a conferencias y escribo sobre temas diversos, muy especialmente en materia penal, pues también soy especialista en derechos humanos y responsabilidades de servidores públicos.

—Gracias por tu amistad y confianza.

—Es un placer contestar a tu excelente entrevista. Sólo lo hice, por tu amistad y gran honestidad.

 

El Doctor en Derecho J. Isabel Chavarría Piña recibió el D.H.C. SUMMA CUM LAUDE ET INSIGNE «con la máxima alabanza y distinción», junto los Abogados Víctor Hugo Rodríguez Montiel, Rosario Alberto Vázquez Romero, Gregorio Palomares, Josefina Acuña y Fernando Hernández, entre otros.