
Victor de Regil
El municipio de Puebla se consolidó como la demarcación con mayor número de denuncias por asaltos al transporte público en todo el país durante la primera mitad de 2026. Cifras oficiales revelan una realidad insostenible para miles de usuarios que a diario se enfrentan a la violencia y el despojo de su patrimonio al abordar las unidades colectivas.
Radiografía de un delito imparable
De acuerdo con las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la Fiscalía General del Estado (FGE), la capital poblana cerró los primeros cinco meses del año con un acumulado de 643 carpetas de investigación por este delito. Esta alarmante cifra representa un promedio de cuatro asaltos diarios denunciados formalmente, posicionando a la ciudad por encima de focos rojos históricos como la Ciudad de México y municipios del Estado de México.
La incidencia delictiva experimentó sus picos más altos durante el primer cuatrimestre del año. Según los reportes, el mes de marzo se colocó como el más crítico con 159 denuncias, marcando una tendencia que deja claro el fracaso de las estrategias de disuasión. El impacto de la crisis ha sido tal que las autoridades documentaron 580 víctimas directas solo entre enero y abril, cifra dentro de la cual se contabilizaron al menos nueve menores de edad.
Uno de los rasgos más preocupantes de esta ola delictiva es la brutalidad con la que operan las bandas criminales. Aunque las cifras oficiales señalan que el 75% de los atracos se comete sin el uso evidente de la fuerza una de cada cuatro denuncias implica violencia física directa o amenazas con armas de fuego.
En fechas recientes, hechos violentos han encendido las alarmas, tal es el caso de un violento asalto en la Ruta 23A que dejó a un pasajero baleado en pleno Centro Histórico, o los atracos simultáneos a las Rutas 38 y 14, que dejaron a varios usuarios con crisis nerviosas y severas lesiones. Además, operadores han denunciado la aparición de nuevas prácticas de extorsión y vandalismo, como el caso de sujetos que rompen los parabrisas de las unidades con martillos para intimidar a los choferes y obligarlos a detenerse.
El dolor de cabeza no termina al interior de las unidades. Las empresas concesionarias y los conductores han revelado el pago de cuotas y extorsiones para poder circular, desembolsando hasta mil 500 pesos mensuales por unidad para evitar agresiones por parte del crimen organizado. Esto refleja un sistema donde las extorsiones han llegado a normalizarse ante la inacción de las autoridades de seguridad.
Entre las zonas más peligrosas para el tránsito de los poblanos destacan la zona norte de la capital, así como vialidades principales que conectan con municipios aledaños. A pesar de los operativos anunciados por las administraciones de seguridad, la percepción ciudadana de inseguridad continúa al alza, obligando a los usuarios a modificar sus hábitos diarios y a implementar protocolos de autoprotección frente a la vulnerabilidad en la que viajan.
El mapa del delito en el transporte público de la capital poblana durante 2026 tiene vialidades, horarios y números de ruta perfectamente identificados por los usuarios, quienes ante la ineficacia policial han tenido que transformar su rutina diaria para no convertirse en una cifra más.
Los reportes de la Fiscalía del Estado y las denuncias en redes sociales coinciden en que el peligro se concentra en trayectos largos que cruzan la periferia y conectan con las zonas escolares o industriales.
Las rutas más afectadas son:
Ruta Azteca: reporta atracos constantes en el tramo de la Rivera Anaya y la zona del Manuel Rivera Anaya; Ruta 19: blanco frecuente de asaltos con violencia en las inmediaciones de la colonia Maravillas y los estadios; Ruta 14A y 14: registran incidentes violentos en su paso por el nororiente de la ciudad y el Boulevard Municipio Libre.; Ruta 38 y 38A: afectadas principalmente en los trayectos que conectan con la zona de la CAPU y San Jerónimo Caleras.
Línea 1 y 2 del RUTA: a pesar de contar con paraderos cerrados, los usuarios denuncian robos bajo la modalidad de «carterismo» en horas pico.