
Presentación del poemario
Manantial de poesía
(Primera parte)
La poesía es la hermana mayor de las artes y la madre de todas
—Congreve
Me siento muy feliz y complacido de haber realizado dos presentaciones del poemario Manantial de poesía en dos días consecutivos; jueves 25 y viernes 26 de junio, en el auditorio del Centro cultural exconvento Betlehemita «antes IVEC» y al día siguiente en el auditorio del Centro Universitario de Estudios Jurídicos (CUEJ). Agradezco sinceramente a la licenciada Margarita Peña Pineda, al Dr. Dante J. Cisneros García, al Mtro. Guillermo Solís Sansores, como directivos de los recintos culturales y académicos.
Por supuesto, agradezco también a los literatos que comentaron la obra; a Cuauhtémoc Merino, Irma del Ángel, Mirtha Castellanos, Isabel Lorenzo, a J. Isabel Chavarría Piña, a los artistas de artes visuales: Elizabeth Flores Delfín, Lalo Rivera y Ángela Uscanga Tiburcio, que me acompañaron exponiendo sus cuadros que sirvieron de portada y para ilustrar los interiores de esta obra, a mi editor L.H. Zamudio, quien también fungió de moderador en un evento, a mis amigos cantantes y trovadores que amenizaron el brindis de honor y firma de libros; José Luis Montes Barradas y Marcos Uriel Jiménez Altamirano, a los asistentes, familiares y benefactores. Muchas gracias.

Familiares, glosistas, amigos y artistas visuales posan con el autor Gonzalo Valenzuela
Les dejo con fragmentos de los comentarios vertidos sobre el poemario Manantial de poesía:
“La poesía de Gonzalo Valenzuela siempre tiene reminiscencias salobres, de agua, amor, yerbas, flores, yodo, aromas, sudor, apapachos y besos a la mujer, “Carta para Irene”; a los hijos, “Padre feliz”; a los padres y a los hermanos, “Mi familia”; a los amigos, “Volviste caballero andante”, así, “El arte hace los versos, pero sólo el corazón es poeta”, nos dice Andrea Chénier. Y sí, Gonzalo inició escribiendo desde adolescente, con ese corazón rumbero, jarocho y ebrio de sal, sol y mar.
Su poemario Manantial de poesía también nos rememora a la Infaltable e Inefable, a la Muerte, sí, a la Muerte, a la que conoció desde niño y ella, muy seguro, le dictó “Duelo silente”, “María Otilia Virginia” o la elegía “Para mi hermano Jesús”, donde “La poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura”, canta Joaquín Sabina.
Valenzuela, desde su poesía, le habla a La Poesía misma en un redondel helicoidal, disfrutando de la semántica como si fuesen sus juguetes de niño viejo que paladea lúdico, gozoso y desnudo: “Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos”, Novalis dixit, y Gonzalo ve la vida y la naturaleza con el asombro y la perplejidad que sólo los niños pueden tener.”
—Cuauhtémoc Merino

En la firma de libros Gonzalo Valenzuela con Alejandra Garizurieta
“…Tal pareciera que Gonzalo Valenzuela es sus poemas retrata las diversas vivencias experimentadas por algunos de nosotros, o por lo menos para el que habla. Con una estructura maravillosa de palabras, exquisita sensibilidad y cálida pluma, nos habla del cariño y afecto a nuestra patria, a nuestro bello Estado, puerto, mar y cielo, a nuestros padres, hermanos, hijos, amigos.
Nos habla de la tristeza y de la soledad, desde luego del amor, sin dejar a un lado el dolor. Me uno con gozo y reconocimiento a tu maravillosa obra, la cual constituye un oasis en medio de la tecnología y de las frases vanas, creadas, incluso por la inteligencia artificial, que jamás podrá suplir, la gran sensibilidad humana y en especial, la de Gonzalo Valenzuela.”
—J. Isabel Chavarría Piña
Gracias por tus comentarios y sugerencias en: oasis_govara@yahoo.com.mx
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