Guadalupe Fernández Díaz. Volando con el viento

Guadalupe Fernández Díaz. Mujer veracruzana apasionada por la escritura y la pintura; en 2024 ingresó al Instituto de Escritura Creativa de la Comunidad Literaria Siglo XXI de la ciudad de Veracruz. En marzo de 2025 y el de 2026 participó en el evento “Mujer con color de poesía”, así como el IV congreso de poetas que tuvo lugar en el Centro Cultural Atarazanas. En mayo de 2025 participó en el Encuentro Nacional de Escritores en Casa de Cultura de Córdoba Jorge Cuesta A.C. Actualmente está escribiendo su primera novela.

 

Volando con el viento

©Guadalupe Fernández

 

Son las once de la noche con cincuenta y ocho minutos del día treinta y uno de diciembre. Alondra Franceschi, de ochenta y siete años, está tendida en su lecho boca arriba, mirando al techo de la recámara en penumbra. La radio encendida en su buró es su única compañía. El locutor está diciendo que, dentro de dos minutos se acabará el año y, que todos se preparen a comer sus doce uvas para brindar con sus seres queridos por el nuevo año que llega.

El locutor comienza la cuenta regresiva: cinco, cuatro, tres, dos… Alondra escucha la algarabía que se manifiesta en la cabina; sus ojos parecen iluminarse con tan alegre bullicio. Vuelve la cara hacia el aparato, como si quisiera ver lo que ocurre detrás. Mientras, se oye sonar Las Golondrinas; canción que, por costumbre, ponen cada año a esa misma hora, y que, desde que se fue su esposo, hace que rueden lágrimas a través de sus mejillas. Hoy no es la excepción, pero, esta vez no intenta secarlas y las deja correr libremente, al mismo tiempo que dice: Lorenzo, ya ven por mí, te lo he pedido muchas veces y no me haces caso. ¡Ya no puedo con esta cruel soledad… ya quiero estar allá… contigo!…

Viene a su mente el día en que lo conoció, entonces suspira lenta y profundamente. Lorenzo, esposo de Alondra, falleció hace dos años. Desde esa fecha, ella no le encuentra sentido a la vida. Estuvieron casados por sesenta y un años en los cuales fueron inseparables.

Tuvieron un solo hijo, pero éste murió en un accidente de tráfico cuando apenas tenía veinte años. A partir de ese desafortunado acontecimiento, Lorenzo y Alondra se dedicaron a cuidarse el uno al otro.

 

Al faltar su esposo, Alondra no se acostumbró a estar sin él. Esos dos años desde su partida fueron muy difíciles para ella. La ausencia le pesaba demasiado y sentía que la soledad la abrazaba de tal manera que no la dejaba respirar.

La canción de Las Golondrinas terminó de sonar…

Alondra sintió un poco de sed, se enderezó para tomar agua del vaso que siempre tenía listo en su buró y se volvió a acostar después de haber bebido dos sorbos. Una gran paz la invadió. De pronto ya no se sintió sola. Se arropó con la gruesa cobija que acostumbraba, puesto que la noche era muy fría como suele ser cualquier noche de invierno.

Casi de inmediato se sumergió en un sueño profundo… tan profundo, que ya no volvió a despertar.

El año se ha ido… y con él Alondra Franceschi.

Ahora está donde tanto deseaba, con su amado Lorenzo por toda la eternidad, volando juntos con el viento.

FIN

 

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