Israel de Jesús Reyes Ramírez. La vida; el sexo más hermoso

Israel de Jesús Reyes Ramírez. (Veracruz, México. 2000). Actualmente se desempeña como Supervisor en Espacios Públicos en el H. Ayuntamiento de Veracruz. Posee memoria fotográfica y aunque fue hostilizado por sus peculiaridades en su trayecto escolar, principalmente en la secundaria, nunca se rindió. Concluyó dos carreras simultáneamente; la de Ingeniería en Sistemas Computacionales en el ITVER (como un tiburón blanco) y en sistema sabatino la de Derecho en la Universidad Jean Piaget y posteriormente en esa misma institución, una Maestría en Educación (2024), donde tuvo la oportunidad de vislumbrar su camino como educador y asesor, gracias a la dedicación de sus maestros que lo alentaron y descubrieron su don de enseñar. De la mano de su mentor, Gonzalo Valenzuela, decidió ya no quemar sus escritos y recopilarlos para publicar un libro de las vivencias que le han impactado y hacen puente con su diario vivir.

 

La vida; el sexo más hermoso

 

La vida;

el sexo más hermoso,

interminable

en esas ocasiones

donde cabe todo,

sin saber

que algún día concluirá.

el éxtasis de emociones.

Hasta el momento del último suspiro,

aprender es tan solo escuchar:

como el primer sonido al nacer,

o las lágrimas, tristezas y alegrías

que dejamos al partir.

 

¿Qué hace tan especial ese momento…?

El roce de su piel junto a la mía,

un juego de sábanas acompañado

de un sentimiento genuino.

 

El sonido… junto a la palabra “gracias”,

terminando en un beso que dice:

“estoy para ti…”

mientras yo, en silencio, repito:

“también estoy para ti…”

Entonces… ¿dónde estuvo la fractura?

¿Los momentos desenfrenados

donde solo me complacía?

¿El paso de los años en el cuerpo?

desgastándolo con vicios.

Si es así…

me declaro culpable

de volverme adicto.

Llévenme entonces

a una «sala de juntas»

hoy quiero beber

recordar los buenos días

aquella dulce fantasía…

Hoy sé que fuiste un oasis.

El tiempo se encargó de enseñar

a ese niño lleno de alucinaciones.

 

Sigo mi vereda: de joven a adulto.

Mis letras crecen, brotan

en un manantial de poesía.

Bien o mal; vivo donde vivía.

No hace falta quemar vivencias,

ni contarlas,

ni entregarlas.

Simplemente… vivir mi vida

tener amor propio.

 

Escribiré hasta mis últimos días,

y te seguiré recordando,

hasta los últimos siete minutos

Al morir pediré a Dios regresar

para cambiar la última pelea…

y que tu mano

enlazada a la mía

sea lo último

que llegue a sentir.